África alberga una diversidad de variedades arábicas que no tiene equivalente en ninguna otra región. En Etiopía, la mayor parte del café se comercializa bajo la denominación Heirloom, un término que agrupa miles de variedades autóctonas distintas que crecen de forma casi silvestre en los bosques del sur y el suroeste del país. No es una varietal concreta sino una familia enormemente diversa, lo que explica la variabilidad de perfiles entre distintos lotes del mismo origen.
En Kenia la situación es diferente. Las variedades más valoradas son la SL28 y la SL34, seleccionadas en los años treinta por los Laboratorios Scott para adaptarse al terroir local. Ambas se caracterizan por una acidez muy pronunciada, notas a grosella negra y tomate, y una estructura en taza que las hace reconocibles incluso para quienes no conocen su origen. También está la Ruiru 11 y la Batian, desarrolladas más recientemente para resistir enfermedades, aunque con perfiles menos expresivos.
En Ruanda y Burundi domina el Bourbon Red, una de las varietales arábicas más antiguas y extendidas del mundo, conocida por su dulzura, su acidez suave y un cuerpo medio que la hace muy versátil. Es una varietal que responde bien tanto al proceso lavado como al natural, y que en las altitudes de los Grandes Lagos puede dar resultados muy interesantes.